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Una mirada más extendida

Ajouté le 16/4/2009

Para mi última analisis, quería presentar algunos datos generales sobre la situación de la violencia hacia mujeres en otras regiones del mundo. Quería que los lectores situen el nivel de violencia nicaragüense en el contexto latinoamericano y que vean que, aunque algunos factores puedan agravarlo, no es un problema aislado. Para recoger ese tipo de información, tuve que buscar en otras fuentes : no faltan informes publicados por ONGs o documentos oficiales que tratan de la cuestión de la violencia hacia mujeres y de su forma más extrema, el feminicidio. Encontré la mayor parte de la información en un documento elaborado con motivo de la Audiencia sobre « Feminicidio en América Latina » ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y en una Propuesta de resolución del Parlamento europeo.

El problema en si mismo


La Convención de Belém do Pará designa como violencia contra las mujeres « cualquier acción o conducta, basada en su género, que causa muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado. » Los datos que tengo aquí sólo tratan de lo que causa muerte, es decir, los feminicidios, pero vamos a ver que los asesinatos son muy relacionados con los otros tipos de violencia. Examinamos los datos recogidos en algunos paises de América latina.


  • En Colombia, una mujer es matada por su pareja o ex pareja aproximadamente cada 6 días.

  • En Guatemala, se puede observar la aumentación de los asesinatos de mujeres : en 2000 murieron 213 mujeres; fueron 303 en 2001, 317 en 2002, 416 en 2003, 497 en 2004 y 600 en 2005. La mayoría de las víctimas tenían entre 15 y 49 años. Son matadas por armas de fuego, estrangulamiento y parecen haber sido torturadas y-o violadas.

  • En Perú, los datos son varian mucho según los métodos de investigación, pero los estudios de mayor alcanca revelan que 265 mujeres fueron asesinadas entre febrero de 2003 y septiembre de 2005. El 30% de ellas habían sufrido violencia conyugal antés. El grupo de edad más afectado es el de 16-25 años. El 70% de los asesinos era conocido por la víctima y 56% de ellos aún compartían su hogar.

  • En México, los datos son recogidos por estado. Así, el estado donde se producieron más feminicidios es el de Chiapas, con 1456 en 5 años.

  • En Bolivia, mataron a 373 mujeres entre 2003 y 2004.


Por supuesto, esos datos son muy heterogéneos y hacen la comparación difícil, aunque pueden dar una idea de la amplitud del problema. También hay que considerar que la no existencia de datos oficiales resulta de la negligencia de los gobiernos, que a menudo no quieren reconocer el fenómeno de los feminicidios.


Hay algo similar en los feminicidios de todos esos paises : la extrema violencia, el odio y la misoginia que caracterizan los asesinatos. « Las mujeres son secuestradas, abusadas sexualmente, torturadas, asesinadas, mutiladas y abandonadas en el desierto, a orillas de las carreteras, en los mercados o en lotes baldíos », expliqua la Propuesta de Resolución del Parlamento europeo.


Las causas


En el informe de la CIDH, es muy clara la relación entre el feminicidio y las otras manifestaciones de violencia : la violencia dentro de la familia, el hostigamiento sexual y aún la publicidad sexista pueden influir sobre potenciales asesinos.


En su Propuesta, el Parlamento europeo también hace el retrato del contexto actual, propicio a la misoginia y al feminicidio. Lo caractriza por rasgos más conocidos como la desigualdad social que impone a la mujer una dependencia económica al hombre, el machismo o mentalidad patriarcal, la falta de un derecho e instituciones adecuados, la impunidad, la violencia social (las bandas), los problemas económicos de los grupos de ayuda, etc. También apunta hechos que no son normalmente relacionados con los feminicidios. Por ejemplo, el parlamento europeo explica como la ratificación de los protocolos internacionales no realmente influyen sobre la legislación nacional y que los dos a menudo no se corresponden. Además, responsabiliza las empresas maquiladoras (europeas en muchos casos) para perpetuar la imagen de la mujer inferior. Muestra que las condiciones horribles, la inseguridad, bueno, el desprecio de los derechos de trabajo y derechos humanos de esas empleadas mantienen las mujeres en una especie de servitud que es muy favorable a las acciones violentas.


Otra situación que aumenta muchísimo el riesgo de agresiones y feminicidios es el conflicto armado o guerra civil. Todos los casos de violencia sexual, de tortura, mutilación, esclavitud y otros tenían como objetivo, en un contexto de guerra, la demostración de poder y la humiliación de los « enemigos ». Esos crímenes fueron generalizados, entre otros, durante la guerra civil de Guatemala. Si consideramos sólo el número de víctimas de ese conflicto, es decir 200 000 personas, podemos afirmar que uno sobre seis víctimas era una mujer po niña que sufrió violación antes de morir. Esa generalización del feminicidio o agresión durante los conflictos es debido al hecho que reina en ellos una idea de impunidad y un desorden social que intensifica la discriminación contra mujeres. Lo peor es que ese desprecio de la ley y ese desorden continuan después el restablecimiento de la paz. A menudo, la violencia persiste y las instituciones son demasiado debilizadas para castigarla.


El gobierno y el sistema judicial


La Convención de Belém do Pará, mencionada más arriba, también estípula que la responsabilidad de los gobiernos es de « actuar con la debida diligencia para prevenir, investigar y sancionar la violencia contra la mujer ». Parece extraño que todos los paises latinoamericanos hayan ratificado esa convención, ya que en varios de ellos, como Bolivia, Paraguay, Colombia y Perú, todavía se niega la existencia del fenómeno del feminicidio. Eso puede manifestarse por la disparidad entre los compromisos y las reales políticas, por los recursos mínimos que son acordados a los grupos formados, por el rechazo de iniciar estudios oficiales y también por la discriminación de las víctimas en el sistema judicial.


El aceso a la justicia y la aplicación de esa para las mujeres violentadas son extremadamente problemáticos. El Parlamento europeo apunta cinco manifestaciones de desigualdad de género en el ejercicio de la ley:

  1. La trivialización del problema por las autoridades, que actuan con una negligencia inapropiada.

  2. « El desconocimiento o no aplicación de los tratados internacionales de protección de los derechos humanos y de las mujeres. »

  3. Investigación defectuosa, con errores que demuestran la parcialidad o falta de seriedad de los investigadores.

  4. Responsabilización de la víctima, diciendo que ella tenía una mala vida, actitudes provocadoras, relaciones sospechosas, etc.

  5. Falta de asistencia a los familiares de la víctima y aún discriminación contra ellos.


En resumen, la generalización de esos problemas en los sistemas judiciales latinoamericanos muestran cuán pequeña voluntad tienen los gobiernos de realmente cumplir las responsabilidades que tomaron cuando ratificaron la Convención de Belém do Pará o cualquiera otra convención que tenía como objetivo la protección de los derechos humanos.

 


 

www.isis.cl/Feminicidio/doc/doc/Informe%20Audiencia%20CIDH.doc

www.resistingwomen.net/spip.php?article98


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Acompañar al hombre para proteger la mujer

Ajouté le 16/4/2009

Al largo del semestre, analizé en ese blog las varias demostraciones de violencia contra las mujeres y traté de apuntar algunas causas posibles de ese problema que siempre va agravándose. Mencioné, entre otros, el contexto de impunidad en algunas regiones de Nicaragua, la falta de voluntad del gobierno, la influencia de la Iglesia, la pobreza y, muy importante, la mentalidad machista y patriarcal. Creo que logré sacar algunos factores y características sociales que influyen sobre el alto nivel de violencia contra la mujer nicaragüense. Pero me faltaba la respuesta a una pregunta crucial : ¿Por qué está aumentando el número de agresiones contra las mujeres? Durante los primeros 3 meces del año 2009, 17 feminicidios fueron cometidos en Nicaragua; eso es el doble del número del año pasado para el mismo periodo. Encontré un artículo a respeto (¿Cómo podemos defender la vida de las mujeres? Por Mónica Zalaquett, directora del Centro de Prevención de la Violencia) y creo que ese contiene respuestas interesantes.


Mónica Zalaquett quiere explicar más específicamente el crecimiento de la violencia intrafamiliar, dado que la categoría de asesinatos que aumenta más es la que de los asesinatos cometidos por la propia pareja de la víctima. Primero, hay que conocer lo que caracteriza la familia típica nicaragüense:



Por supuesto, existía violencia en ese contexto familial tradicional, pero la sumición de la mujer garantizaba una cierta estabilidad. Ahora, esa estabilidad es amenezada y la violencia aumenta.


El nivel de desempleo ha aumentado en Nicaragua durante los últimos años. A causa de eso, muchos hombres se ven forzados a quedarse en la casa, compartiendo el trabajo de la mujer. No pueden asumir más su papel tradicional de proveedor. Cumplen tareas consideradas femininas, lo que les causa gran humillación. Aún peor, la vida pública y social de su mujer aumenta al mismo tiempo que la suya disminue. Por sus actividades remuneradas o no, la esposa se mantiene en una sana ocupación y obtiene una creciente independencia decisional y económica.


Ante esa nueva situación, los hombres se quedan profundamente frustrados y desestabilizados. Dándose cuenta de que los roles tradicionales están cambiando, se siente amenezados y tratan de restablecer la jerarquía « natural » con la violencia. Se reconforta en una dominación que, si no puede ser social, ha de ser física. Unfortunadamente, a veces esa creciente frustración se manifiesta por la mayor forma de violencia, el feminicidio.


Mónica Zalaquett cree que la solución a la violencia contra las mujeres es un profundo cambio en la estructura familial y en la mentalidad machista nicaragüense. La sociedad debe permitir que los hombres escojan una identidad que no implica la violencia y el cumplimiento obligatorio de un papel machista.





http://impreso.elnuevodiario.com.ni/2009/03/19/opinion/97806

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¿Debemos proteger el derecho de trabajar de las prostitutas?

Ajouté le 9/4/2009

La noticia que leí esta semana me sorprendió un poco. Relataba una manifestación que hicieron prostitutas de Managua frente a una estación de policía, el viernes pasado. Ellas protestaban contra su reciente expulsión de los bares (El Tropical, El Roble, El Naranjo y El Manguito) donde tenían la costumbre de ir para encontrar clientes. Las manifestantes se quejaban de que la policía y los dueños de los bares les están quitando su lugar de trabajo y, haciéndolo, están alcanzando su derecho de trabajar.


Todavía tengo una opinión moderada a respecto. Por un lado, la prostitución es un comercio socialmente malsano del cual a menudo aprovechan los actores del crimen organizado, entonces hay que luchar para erradicarla. Por otro lado, creo que las prostitutas son las primeras víctimas de la prostitución y que castigarlas a ellas no arreglará nada.


Por supuesto, entiendo que la presencia de esas trabajadoras en un bar es indesirable. Los dueños no quieren tener problemas, quizas no quieren que una cierta clientela frecuente su comercio, no quieren tener mala fama, etc. Además, los dueños de bares no son los que tienen el poder para cambiar la situación de esas mujeres, dado que deben respetar la política hacia prostitución que estípula que la Policía no regula ni autoriza la prostitución, pero no se puede permitir que se siga practiando en los bares. Pero opino que la sola expulsión de las trabajadoras, sin proponer soluciones para mejorar su situación o, al menos, proponer una reflexión, muestra que las autoridades consideran la prostitución más como delincuencia individual que como un problema social y humano. Falta sensibilidad y visión global.


Ese caso también trae consigo la polémica sobre la legalización de la prostitución. En el artículo, se denuncia los peligros que deben enfrentar las prostitutas que trabajan sin supervisión y en la ilegalidad. Las manifestantes de Managua ahora temen dejar los bares para las calles, donde los ataques son más faciles y más frecuentes. Por supuesto, si les fueran proporcionados lugares de trabajo controlados por las autoridades, disminuirían esos riesgos. Pero reconozco que la legalización de la prostitución tiene un impacto enorme sobre una sociedad y que es una cuestión que se debe examinar con mucho cuidado y varios argumentos.


Finalmente, el artículo me hizo reflexionar sobre la miseria y humiliación que consiste la vida cotidiana de esas mujeres. Durante sus horas de trabajo, por supuesto, pero también cuando se muestran públicamente, son el blanco de numerosas ofensas físicas y psicológicas. Manifestando viernes pasado para proteger su modesto salario difícilmente ganado (y que probablemente tienen que compartir con proxenetas), esas trabajadoras tenían que huir y esconderse para que los fotógrafos de la prensa, muy insistentes, no les fotografien la cara. Me choca que la gente miren a esas prostitutas como fenómenos en lugar de darles apoyo y ayuda para que ellas encuentren una manera más digna de ganarse la vida.





El artículo : http://impreso.elnuevodiario.com.ni/2009/04/04/nacionales/99023

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